Dentro del proceso de elaboración del whisky, se produce, cuando éste se madura en barricas, normalmente de roble, un efecto de dilatación de la madera por el juego de las diferencias de temperaturas ambientales; recordar que en la maduración del whisky a diferencia de la maduración del vino o de la cerveza, por poner unos ejemplos, no es necesario controlar la temperatura exterior, por ello no se almacenan en cavas subterráneas; éste juego de contracción y dilatación produce la evaporación de parte del alcohol que contiene el destilado, a razón de entre un uno a un dos por ciento anual; este tanto por ciento se denomina “the angels share” o la parte de los ángeles, puesto que al no recuperarse e ir al cielo queda mejor pensar que lo han disfrutado allá arriba.
Si bien algunos estudios científicos confirman la importancia de este proceso oxidativo dentro de los aromas que la madera imprime al destilado, se viene estudiando por parte de la industria técnicas para reducir esta importante “sangría” de alcohol a favor de los ángeles. La cuestión no es baladí si se piensan en los millones de botellas que elaboran los grandes grupos de bebidas alcohólicas, y el precio al que se pagan los destilados. Uno de estas técnicas consiste en envolver la totalidad de la barrica con un papel film, lo que obviamente impide la evaporación, pero por el contrario no permite la oxidación, importante en la maduración del whisky. ¿Donde esta el< justo equilibrio?, pues ahí andan trabajando los científicos.