No ha mucho, hemos tenido la oportunidad de reencontrar a Miguel Ángel de Gregorio. Quedan lejos los tiempos de su primer Salón del Gourmet en Madrid donde nos conocimos o la cata de presentación del Calvario (todavía no era legal el nombre y le acompañaba su abogado) en el Palacete de la Seda de Murcia. Una cata dirigida a medios especializados, una pena, apenas éramos cuatro, organizada por su distribuidora en Alicante, Retamero, nos volvió a poner en contacto. Si magníficos son sus vinos, más divertido todavía es polemizar con M. Angel. Socarrón, divo sin querer, icconoclasta, rompedor, inteligente. Borde si no eres de su cuerda. Realmente me lo paso bien con él. Sólo bebe vinos de fuera, define la bodega como una filosofía, no soporta a los biodinámicos... Este ingeniero agrónomo, enólogo y, sobre todo viticultor disfruta catando y bebiendo sus vinos. Por cierto. cayeron, puro vicio, dos Calvarios y dos Aurus. Diez botellas en total en el trascurso de la comida, para ocho comensales... Diferentes y magníficos. Uva, terroir, mineralidad. Semejante pero más complejo, más elegante, más encriptado el segundo. Sorprendente y atractivo el manchego Finca Coronado. El terreno de la Mina, antigua mina a cielo abierto de la época romana, con cabernet sauvignon, syrah, tempranillo, merlot y petit verdot. De nota, un señor vino, su Allende blanco fermentado en barrica. Malvasía y viura para hacernos disfrutar. Todos, últimas añadas. La evolución personal desde que su familia se desplazo de la Mancha a Rioja, donde su padre, Nicollás, dirigió Marqués de Murrieta al día de hoy es notable. Su proyecto personal, ya casi listo de nueva bodega y palacio en Briones, Rioja Alta, el Palacio Ibarra, del XVII, XVIII es la simbiosis del pasado con el futuro hecho presente. |